viernes, 17 de abril de 2015

La máxima felicidad posible…



Aunque el sustantivo /felicidad/ pertenece al grupo de los nombres abstractos y además el estado de felicidad es indefinible, cada quien trata de adaptarlo a sus propias convicciones y visión de vida, otros lo prometen como utopía. Yo, por ejemplo, podría establecer unos marcadores muy personales y mi propia definición de felicidad; aún más allá de ese estado sublime de éxtasis y equilibrio espiritual-emocional-intelectual que los griegos nombraban areté, la estabilidad en el seno familiar y la tranquilidad de sentir que estoy haciendo las cosas muy bien, considero algunos otros detalles que podrían ser atisbos de felicidad. Respondamos algunas interrogantes y midamos nuestro grado de felicidad (a.- Infeliz/ b.- Feliz/c.- Sumamente feliz/ d.- Supremamente feliz) según nuestras sensaciones y emociones:

  • ·        Cuando salgo a la calle, o cuando cualquiera de los miembros de mi núcleo familiar lo hace, me mantengo sereno y sin preocupación.
  • ·        Cuando cobro mi quincena no entro en estado de angustia y/o frustración porque puedo cubrir mis necesidades — algunos caprichos y antojos— y me sobra para ahorrar.
  • ·        Cuando busco mis alimentos favoritos, medicinas y accesorios personales los consigo rápidamente y en distintas presentaciones y marcas.
  • ·        Cuando enfermo asisto a los centros de salud, ambulatorios y hospitales públicos y soy atendido con eficiencia.
  • ·        Siento que los servicios básicos son óptimos.
  • ·        Si manejo puedo confiar en que los semáforos funcionan, que no hay huecos ni agua negras en las calles.
  • ·        Cuando voy a los parques y plazas públicas me siento protegido por funcionarios policiales bien formados como servidores públicos.
  • ·        Disfruto de un excelente ambiente, libre de contaminación, sin basura, ni olores ni ruidos que perturben mi conciencia ecológica.
  • ·        Cuando pienso en la educación de mi hija estoy seguro que podré cubrir los costos de su matrícula y brindarle los recursos didácticos y bibliográficos para su desarrollo sin premura ni contratiempos.
  • ·        Cuando pienso en la salud y seguridad de mis padres estoy tranquilo porque puedo cubrir sus necesidades de medicinas, terapias y gastos de alimentación puntualmente.
  • ·        Cuando necesito descansar puedo acceder con satisfacción a paquetes turísticos y de recreación sin desfalcar el presupuesto ordinario de manutención de la familia.
  • ·        Estoy tranquilo porque sé que mi posición ideológico-política no será óbice en el desarrollo de mi carrera como funcionario público.
  • ·        Aun no me ha invadido la extraña necesidad de abandonar “todo” y entrar en un estado cataléptico, eso para desconectarme de la realidad y sentirme en una burbuja de prosperidad, estabilidad y felicidad suprema.

Si sientes que al menos tres de estas cuestiones puedes responderlas con un sí, puedo asegurarte, eres supremamente feliz.